JULIO IGLESIAS en gira

Julio Iglesias, durante su concierto en la Plaza de Toros de Valencia. | Vicent Bosch

Comportándose como el eterno adolescente que ya no es, Julio siempre elige la rencilla. Siempre anda maquinando. Cosas del negocio. El ‘business’. Se negó a cantar con la Rocío Jurado post-Houston porque no le llegaba la voz. En directo, no hay color. También cuentan que sus abrazos con Raphael son de quita y pon; son más rivales que colegas.

Lo hace, quizás, consciente de sus carencias. Se hizo cantante por pelotas, por aspiración, no por aptitudes. No entona demasiado bien, nunca se movió sobre el escenario y, aunque firme algunas composiciones, se duda de su autoría. Hay más mercadotecnia que escritura. Es el triunfo del pirata, la cima de la picaresca. Le vende novelas a un ciego.

Pero es un mito. Lo ha vendido todo, ha cantado en todas partes. Y tiene, como mínimo, dos muescas en su arma dignas de envidia. Sorprendentemente, sus fieles consideran terciopelo las letras más machistas de la historia: “tu experiencia primera me la he llevado yo” (canto a la virginidad, sí, en ‘Lo mejor de tu vida’), o “te voy a dejar de querer si algo más no me atiendes” (posesión en ‘Te voy a dejar de querer’). Son sólo dos ejemplos.

El segundo triunfo es su vida de Hola!. Recuerden, los artistas lo son porque no son como nosotros. Tiene, al menos, un perfil izquierdo digno de foto; una mujer perfecta (de cera, pero perfecta) a su lado; un bronceado sempiterno; una cena de Navidad de lo más entretenida; y un ojo tremendo para tomar decisiones.

Este viernes en Valencia lució todos los poderes. Un repertorio de canciones bien armado (abrió con ‘Quijote’, cerró con ‘Hey’ y generó delirios durante los 120 minutos intermedios con ‘Manuela’, ‘Me va, me va’, ‘La carretera’ y tangos varios) y una capacidad brutal para medir los tiempos del reloj (habla entre tema y tema, tanteando) y los otros tiempos, los asesinos: puso cientos de entradas a precios populares. Anti crisis.“Ya no me importa el dinero”, reconoció.

Mano al pecho y micrófono apenas sujeto por las yemas se comportó como si imitara a sus imitadores. Con un traje demasiado grande y demasiado cruzado, moviéndose en una baldosa, con asépticos músicos de sesión y coristas de las de antes. Pero “guapo” fue lo más fino que le dijeron. Se llevó al público de calle. Se las llevó de calle.

A las ‘populares’ sobre todo. La presidenta de Las Cortes, Milagrosa Martínez, la señora de Juan Roig y hasta Isabel Bas, mujer del presidente Francisco Camps, cayeron rendidas ante sus versos. “Yo que siempre soñé con tu amor, hasta el final…”. Y suspiraron un poquito todas.

Claro que el concierto se armó a mayor gloria de una imagen, no de una voz. Las pantallas a la distancia justa, los músicos sonando tremendamente agudos para no solapar el susurro, las canciones en versiones distintas porque ‘La vida (ya no) sigue igual’. Ni España, por cierto: “una España plural, sí, pero única”, reivindicó. Y más política, con guiño al equipo de Gobierno, “no veo más avance en el país que en Valencia”.

Pero qué importa discursos y trucos de salón cuando tienes en la manga una canción tan redonda como ‘Abrázame’, un ‘charme’ que no se ensaya y una voz justa pero que mantiene peculiaridades. Lo explicó, para lo suyo, Lola Flores: “mi hijo Antonio compone como los ángeles, mi Rosario es la fuerza en el escenario, y Lolita… Lolita tiene una voz que no se parece a ninguna otra”. Pues eso.

Cerrando el círculo, si la batalla era ganar al resto de melódicos lo hizo y de sobra. A los puntos al menos. Metió a más gente en la Plaza de Toros que Raphael, unas 8.000; ha salido en más periódicos. Pero el otro maestro también tiene ganchos que duelen: en su concierto, se le podía oír sin problemas desde fuera de la plaza. Ayer imposible.

Julio juega en otra liga. No es un cantante ni un artista. Ahora ya, ni siquiera un currante en busca de parné. Hedonista, vividor y con el ego por las nubes, quizás sólo busca lo que todos. Que le quieran. “Cuando amanece siento en el fondo un gran vacío”, cantó en ‘Un hombre solo’.“Busquen el amor”, dijo, “aunque no sea en la cama”.

De Valencia se fue con un poco de horchata mezclada con vino tinto y un buen puñado de besos. Merecidos. No es un virtuoso, pero no importa. Hagan la prueba: miren a su alrededor y cuenten cuánta gente sin talento ha triunfado. Es más difícil de lo que parece.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: